lunes, 2 de enero de 2012

¿Quién sabe?



Resulta que después de todo la vida está plagada de senderos, por llamarlo de alguna manera, los cuales no podemos ver ni palpar de ninguna forma, pero ahí están. Cada uno tenemos los nuestros, al igual que también tenemos una forma de caminar por ellos. Hay gente a la que le gusta disfrutar del paseo y caminan despacio para aprovechar al máximo la experiencia. Por otro lado, hay para quien los senderos son solo un lugar por el que pasar fugazmente y a tanto llega este pensamiento que también hay personas que los recorren a gran velocidad con el animo de ver cuanto más mejor. Si nos paramos a pensar un poco en esto, resulta que es más interesante de lo que parece a simple vista y desde luego más difícil de entender, o al menos a mí me lo parece. Había estado pensando prácticamente desde siempre que estos caminos eran las partes aparatosas de nuestros objetivos (una especie de pasos previos que tenemos que hacer a la fuerza, porque nadie regala nada a fin de cuentas), y por lo tanto no podía haber nada en este mundo que fuese más nuestro que el sendero que seguimos. Pero con el paso del tiempo me he dado cuenta de que igual que hay muchas personas con un objetivo en común, también hay muchos caminos comunes a diferentes personas. Y siguiendo un poco con la metáfora de los caminos, ¿si una pequeña ruta se vuelve mas transitada con el tiempo no se incrementa su dimensión para hacerla más fácil de transitar? Acabaría así siendo una carretera para que más de uno pudiese ir sin quejas y con tranquilidad, cada uno a su ritmo.

Afortunadamente hasta el año pasado siempre había circulado por esta carretera de objetivos con mis conocidos, e incluso tuve la misma suerte de ir a la misma velocidad que ellos. Pero de repente un día me salí por la cuneta, me quedé tumbada en el suelo observando lo cruel y frustrante que puede ser el mero hecho de quedarte aparcado a un lado viendo como los demás avanzan. Ahora sé que nuestras carreteras podrán cruzarse o pasar cerca, quizás en una intersección o en un puente volvamos a tener el mismo sentido durante un breve lapsus de tiempo. Gracias a los pequeños imprevistos que ofrece la vida comprendí (o almenos algo mas de lo que ya sabía) la importancia de tener nuestros objetivos y perseguirlos a nuestra manera, que aunque esto lo pasemos por alto en el día a día, es lo que más echamos de menos cuando nos privan de ellos.

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